Muybridge y el movimiento de los animales

El 9 de abril de 1830 nació Eadweard Muybridge, un excéntrico fotógrafo e inventor conocido principalmente por sus imágenes de personas y animales en movimiento. La imagen que aparece en el encabezado de este blog es precisamente de Muybridge.  Aunque Muybridge nació en Inglaterra y mantuvo siempre contacto con la comunidad artística y científica de Londres, realizó gran parte de su trabajo en los Estados Unidos. Su nombre de nacimiento fue Edward James Muggeridge, pero a lo largo de su vida lo cambió en numerosas ocasiones, llegando incluso a llamarse Eduardo Santiago durante una de sus estancias en California.

En 1872, Muybridge conoció a Leland Stanford, un poderoso político y magnate ferroviario que había sido gobernador de California y que posteriormente fundaría la Universidad de Stanford.  En aquella época, Stanford era muy aficionado a los caballos de carreras y estaba obsesionado con un tema ampliamente debatido en los círculos de criadores de caballos: Cuando un corcel va a galope, ¿en algún momento llega a tener las cuatro patas separadas del suelo? Aunque la mayoría de la gente pensaba que la respuesta era positiva y que de hecho había pinturas que representaban caballos “flotando” al galopar, el hecho es que nadie había zanjado científicamente la cuestión.

Stanford había oído hablar de la pericia técnica de Muybridge y le propuso una colaboración para atacar el problema. La dificultad técnica, como bien lo sabía Muybridge, era que en esos tiempos el material fotosensible era primitivo y requería de tiempos de exposición de minutos, lo que hacía imposible registrar en una imagen fotográfica un animal en movimiento.  A pesar de ello, Muybridge aceptó el reto y desarrolló una técnica que permitió despejar la duda de Stanford cinco años después.

En 1877, Muybridge dispuso una serie de cámaras en línea, cada una de ellas conectada a un cable que la disparaba.  Enfrente del dispositivo se hizo correr al caballo Occident, propiedad de Stanford de tal manera que el animal al desplazarse disparara en secuencia las cámaras.  Una de las imágenes logradas mostró claramente a Occident con las cuatro patas en el aire.  Para sorpresa de algunos artistas, ese momento no era cuando el caballo tenía las patas extendidas hacia atrás y adelante, sino en un instante en el que las cuatro patas estaban recogidas hacia el centro.

La imagen de Muybridge fue recibida con escepticismo y acusaciones de manipulación.  Para despejar cualquier duda, Stanford convocó a la prensa y a la sociedad californiana a un magno evento en el que Muybridge demostraría en público la veracidad de su descubrimiento.  El 15 de junio de 1878, Muybridge colocó una serie de 12 cámaras con su respectivo disparador conectado a un cable.  Stanford hizo correr enfrente de las cámaras un caballo que arrastraba un carrito de dos ruedas que al pasar frente a cada cámara la disparaba.  Ante la expectación general, Muybridge se llevó las placas fotográficas para revelarlas.  Después de algunos minutos regresó con las imágenes que ratificaban el hecho de que los caballos al galope sí separan en algún momento las cuatro patas del suelo.

Más famosas son las imágenes que Muybridge logró más tarde de la yegua Sallie Gardner galopando libremente y que fueron reproducidas en julio de 1878 en el Photographic News de Londres.  Estas siluetas además fueron incorporadas a una de las primeras versiones del zoopraxiscopio, un aparato inventado por Muybridge que permitía ver en secuencia muy rápida imágenes sucesivas de objetos, dando la impresión de movimiento.  El zoopraxiscopio es considerado uno de los antecedentes más importantes de los cinematógrafos desarrollados a finales del siglo XIX.

Después de una agria disputa con Stanford por la publicación de un libro sobre el movimiento de los caballos en los que el magnate no dio crédito a Muybridge, el fotógrafo inglés continuó con sus investigaciones sobre el movimiento de las personas y los animales a través de fuentes alternativas de financiamiento.  Hoy en día, Muybridge es recordado como el pionero de este tipo de estudios y como un precursor del cine moderno.

Referencias
Leslie, M. (2001). The man who stopped time.  Stanford Magazine (mayo/junio 2001).
The complete Eadweard Muybridge: Chronology 1876-1880.
(Páginas consultadas el 9 de abril de 2011).

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Edgerton y la fotografía estroboscópica

En un día como hoy, el 6 de abril de 1903, nació Harold Eugene “Doc” Edgerton, pionero de la fotografía de alta velocidad. En los años 30s, Edgerton trabajaba en el MIT como ingeniero eléctrico, usando un estroboscopio para analizar el movimiento rápido de las partes de los motores. El principio del aparato es lograr un gran número de imágenes en fracciones de segundo, de esta manera “congelando” el movimiento de los objetos. En algún momento durante esos años, a Edgerton se le ocurrió la idea de apuntar el estroboscopio hacia objetos de uso común para registrar fotográficamente su movimiento.

A parir de 1937, en colaboración con el fotógrafo Gjon Mili, Edgerton comenzó un proyecto de vida que consistió en registrar objetos cotidianos en fotografías estroboscópicas. Las imágenes que logró Edgerton a lo largo de los años son hoy en día icónicas.  Todos hemos visto fotografías de balas atravesando manzanas, de gotas de leche salpicando, del pie de un deportista golpeando un balón o del vuelo de una paloma.  Gracias a los flashes electrónicos, un aficionado avanzado puede hoy en día lograr imágenes de este tipo.  Fue Edgerton, sin embargo, el primero en concebir la idea y el responsable de desarrollar gran parte de la tecnología necesaria.

 

Bala atravesando una manzana. H. E. Edgerton

Work hard. Tell everyone everything you know. Close a deal with a handshake. Have fun!

Harold “Doc” Edgerton

 

 

 

 

Ver material e historias sobre “Doc” Edgerton en The Edgerton Digital Collections

La primera fotografía del Sol


El 2 de abril de 1845, Louis Fizeau y Léon Foucault lograron la imagen fotográfica del Sol más antigua que se conserva. Aún con la técnica del daguerrotipo, la intensidad de la luz solar permitió un tiempo de exposición corto (1/60 segundo) y una imagen nítida en la que se pueden apreciar las manchas solares.  Fizeau y Foucault son más conocidos en el mundo de la física por el diseño e implementación del aparato que permitió medir con gran precisión la velocidad de la luz en 1850.

Para más información sobre la fotografía, consultar la página de National Geographic.

La primera fotografía de la Luna

Al poco tiempo de la invención del daguerrotipo, la gente comenzó a experimentar el nuevo sistema para obtener imágenes de todo tipo de objetos.  Parece ser que el propio Daguerre intentó fotografiar la Luna, pero que no obtuvo resultados satisfactorios debido a los largos tiempos de exposición que se necesitaban.

El primer daguerrotipo razonablemente claro de la Luna fue obtenido por John William Draper a finales de 1839 o principios de 1840.  Tradicionalmente se menciona la fecha de hoy, 23 de marzo, como el día en el que Draper obtuvo su imagen a través de un pequeño telescopio y con una exposición de 20 minutos.  En internet circulan imágenes que supuestamente son de los primeros daguerrotipos de Draper, pero su autenticidad no está del todo clara.

Esta imagen, probablemente de 1850 o posterior, también ha sido presentada en internet como la fotografía de Draper de 1840.  Sin embargo, la nitidez de esta imagen descarta que se haya logrado con un tiempo de exposición tan largo como 20 minutos.  De todas maneras, es un registro histórico importante del primer fotógrafo de la Luna.

Daguerrotipo de la Luna. John William Draper (¿fecha?)

Para retratar el Nautilus

A mediados de 2005, por razones médicas que no tiene caso detallar aquí, estuve confinado a mi casa por unos meses.  Para aprovechar el tiempo y no caer en la desesperación recurrí a mi vieja afición de la fotografía.  Entre los proyectos que llevé a cabo en esas épocas estuvo el de capturar una imagen fotográfica de una de las formas biológicas que más me fascinan, la del nautilo.

Nautilo en el acuario de Berlín. Wikipedia. Foto de J. Baecker

En beneficio de nuestros lectores no biólogos, es preciso señalar que nautilo se refiere a alguna de las especies del género Nautilus, que son moluscos emparentados con los pulpos y los calamares y que representan los últimos sobrevivientes de un grupo que en eras geológicas pasadas fue muy diverso y abundante.  La concha del Nautilus es un ornamento muy popular en las tiendas de objetos marinos, ya que su forma resulta agradable a la vista humana porque sigue una espiral áurea.

Cuando emprendí el proyecto, no recordaba yo que uno de los fotógrafos más conocidos del siglo XX, Edward Weston, tenía una famosa imagen de un Nautilus que logró en los años 1920s.  Seguramente había yo visto esa fotografía antes de mi proyecto, pero honestamente puedo decir que en ese momento no la tenía en mente.

 

"Nautilus" © Edward Weston 1927

La imagen de Weston se llama precisamente “Nautilus”.  Parece ser que Weston se inspiró en unas pinturas de una artista amiga y que se obsesionó con lograr imágenes fotográficas parecidas, es decir, de la concha del nautilo en un fondo oscuro.  Con el equipo disponible en la época, Weston se enfrentó con problemas técnicos muy complicados.  Para lograr el efecto que deseaba necesitó usar aperturas equivalentes a f/64, lo que implicó exposiciones que en algunos casos tomaron horas.  Mantener inmóvil el objeto por tanto tiempo resultó ser bastante difícil.

Finalmente, Weston logró algunas imágenes como él las quería.  De inmediato, sus amigos artistas escribieron comentarios muy halagadores sobre la imagen.  Curiosamente, personas como Tina Modotti, Diego Rivera y otros  recalcaron el carácter erótico, o al menos sensual de la imagen lograda por Weston.  Parece ser, sin embargo, que el fotógrafo nunca consideró tal elemento para sus fotografías del Nautilus.  Lo único que deseaba Weston era capturar en medio fotográfico la belleza de la concha del nautilo.

Con el paso del tiempo, la imagen del Nautilus de Weston se hizo muy famosa, llegando incluso a ser considerada una de las mejores fotografías del siglo XX. Según la Wikipedia, una impresión de esta fotografía se vendió en 2010 en poco más de un millón de dólares, convirtiéndose en la novena imagen fotográfica más cara de la historia.

Sin saber toda esta historia, en el 2005 se me ocurrió fotografiar una concha de Nautilus. Mi propósito era lograr una imagen bella, pero que al mismo tiempo biológicamente correcta.  Por supuesto, contaba yo con ventajas tecnológicas no disponibles en los tiempos de Weston.  Usé una cámara réflex digital, un objetivo macro y una serie de flashes electrónicos inalámbricos.  Decidí usar un fondo negro para resaltar las formas de la concha y empleé un “espejo negro” (un vidrio pintado de negro) para obtener un sutil reflejo.  Este fue el resultado:

© Héctor T. Arita 2005

El objetivo del proyecto se cumplió.  Después de un tiempo recuperé mi salud y ahora tengo además una imagen fotográfica que me recuerda mi triunfo sobre una terrible enfermedad. No espero que alguien vea algo erótico en mi fotografía y supongo que mucho menos podría esperar que alguna vez se venda en un millón de dólares.  Aún así, es una imagen de gran valor personal para mi.

Notas
La imagen de Weston tiene copyright vigente.  Fue tomada de Wikimedia y es una imagen de baja resolución usada en este blog con fines educativos y de análisis de una obra artística histórica.
El fotógrafo Brian Pawlowski discute la historia del Nautilus de Weston y de su propia experiencia fotografiando la concha de este animal.

La disección de un Cartier-Bresson. Parte I: La exposición

Al observar una fotografía, generalmente no tenemos problema en decidir si nos agrada o no la imagen, si estamos o no ante una “buena” fotografía.  Lo que en ocasiones es más difícil es, cuando manifestamos nuestro agrado ante una imagen bien lograda, contestar la pregunta “¿Por qué dices que es una buena fotografía?”  Usaremos aquí una fotografía de Henri Cartier-Bresson (1908-2004) para intentar una disección de lo que constituye una “buena fotografía”.

Al observar la imagen lograda por Cartier-Bresson,  todos los alumnos de nuestro taller la consideraron una buena fotografía.  Al ser cuestionados sobre la razón por la que la imagen les resultó agradable, los alumnos mencionaron, entre otras razones, “la expresión en la cara de la señora”, “las piernas de la chica”, “el blanco del vestido”, “la complejidad de imágenes”, “la conexión que provee la banca entre la señora y la chica”, “los reflejos”, “la disposición de los elementos”.  En general, la idea atrás de todas estas razones es que esta fotografía nos cuenta una o más historias que podemos imaginar respecto a las personas y el lugar representados.

La imagen también posee una enorme riqueza de detalles, sin que éstos se estorben entre sí.  Podemos pasar un buen rato encontrando estos detalles: los anteojos de la chica sobre la mesa, el ejemplar de Le Figaro que supuestamente está leyendo la señora, la vestimenta del señor que aparece en el fondo, las figuras que se reflejan en la ventana, los ornamentos de la banca y las mesitas … Todos estos son elementos subjetivos de gran importancia que nos permiten reconocer una imagen que, como la de Cartier-Bresson, podemos considerar “artística”.

En el aspecto técnico, podemos examinar la fotografía desde dos perspectivas que en conjunto nos permiten entender aún más una imagen fotográfica: la exposición y la composición.  En esta entrega discutiré la exposición, dejando para Leo Solís el análisis de la composición en un artículo posterior.

Exposición
Intuitivamente podemos decir que la fotografía de Cartier-Bresson está “bien expuesta”.  Esto significa que la foto no es ni demasiado oscura (sub-expuesta) ni demasiado clara (sobre-expuesta).  Esta imagen en particular presenta una gran variedad de tonos de gris, lo que podemos constatar usando las “zonas” de Ansel Adams, que son tonos que van desde el blanco puro (zona X) hasta el negro absoluto (zona 0):

Más técnicamente, podemos analizar esa variación de tonos aprovechando el histograma que se puede extraer a partir de una imagen digital.  El histograma nos presenta el número de pixeles en la imagen que corresponden con los diferentes tonos de gris.

En el caso de la fotografía de Cartier-Bresson, el histograma presenta varios valles y picos, pero en general tiene una distribución pareja a lo largo de toda la gama de tonalidades y todos los tonos están representados, es decir, no hay huecos en el histograma.  La imagen tiene además la particularidad de que los elementos principales de la foto contienen también todos los tonos, en una frecuencia que resulta agradable a la vista.  Por ejemplo, la imagen de la chica contiene toda la gama de grises, desde el negro absoluto en las medias hasta el blanco puro en las partes brillantes de su vestido, pasando por diversas tonalidades intermedias en la piel y el cabello.

El histograma fotográfico es una herramienta muy poderosa para analizar y para producir imágenes.  Sin embargo, no deja de ser un instrumento estadístico que sintetiza en números algunos atributos estéticos de una imagen.  Observando únicamente el histograma sería imposible decidir si la fotografía es buena o no, pues esa evaluación depende de la manera en la que nuestro cerebro juzga la disposición espacial de los millones de pixeles de todos los tonos que forman la imagen.  Esa disposición tiene que ver más con la composición, el tema que se abordará en la siguiente entrega.

Caja Mágica

El primer registro que se tiene sobre el uso de la cámara oscura es de Aristóteles quien buscando comprobar su teoría sobre el movimiento ondulatorio de la luz construyó la primera que se conoce en la historia y la describió de la siguiente manera:

“Se hace pasar la luz a través de un pequeño agujero hecho en un cuarto cerrado por todos sus lados. En la pared opuesta al agujero, se formará la imagen de lo que se encuentre enfrente”.

Se desconoce con precisión el origen de la cámara oscura, pero antes de que se utilizara para obtener imágenes fotográficas fue utilizada para profundizar en el conocimiento de la naturaleza por observadores, experimentadores y alquimistas.

Quizá hoy consideremos antagónicas a la  magia y la ciencia. La primera, en teoría logra resultados contrarios a las leyes naturales; mientras que la segunda busca obtener el conocimiento mediante la observación y el razonamiento. Sin embargo ambas en sus definiciones buscan conocer y realizar prácticas que develan los secretos o misterios de la naturaleza.

Siglos atrás magia y ciencia estuvieron unidas y personificadas por magos y alquimistas, que escudriñaban los misterios del universo. En el siglo IV los magos y alquimistas investigaban fenómenos relacionados con la luz y las imágenes.

Se cuenta que el mago Merlín en éste tiempo utilizaba la cámara oscura con fines estratégicos y de observación en la guerra entre el rey Arturo y los sajones. En sus escritos Merlín habla de la necesidad de utilizar el “cuerno de unicornio” para hacer el orificio de entrada de luz  de la cámara oscura. Como en este tiempo la magia era una práctica que se mezclaba con el estudio de los fenómenos naturales la relación que se hizo sobre la necesidad del cuerno del unicornio y la cámara oscura ocasionó que durante siglos a la cámara oscura se le llamara “caja mágica

Morgana, hechicera de la corte y hermana de Arturo celosa de Merlín logró robar algunos de sus secretos. Entre ellos el secreto de la caja Mágica que menciona que “el ojo de la caja mágica deberá ser perforado con un cuerno de unicornio. De no ser así  la caja resultará por completo inefectiva”.

Merlín sostenía que era necesario utilizar “un cuerno de unicorio” para hacer el orificio de entrada de luz en la cámara oscura. Esta creencia perduró hasta el siglo XI y resultó ser la responsable de la extinción del uso de la cámara oscura.