Fotógrafo de la naturaleza

[Escribí este ensayo a principios de 1983 para el número 1 de la revista Ocelote, un efímero esfuerzo de divulgación de Pronatura.  Mi visión algo idealista y hasta inocente sobre la fotografía de la naturaleza sigue vigente, aunque mi perspectiva sobre la fotografía en general cambió profundamente después de leer On Photography, de Susan Sontag.]

El fotógrafo de la naturaleza (1983)
Héctor T. Arita

Héctor Arita ca. 1984

Todos los que amamos la naturaleza sentimos en ocasiones la tentación de llevarnos una parte de ella a nuestros hogares. El niño que va al parque en busca de insectos para su colección y el cazador que gasta miles de dólares para asistir a un safari en África son sólo dos ejemplos de este deseo de poseer lo que vemos en el campo. El naturalista consciente, sin embargo, se da cuenta de los tremendos riesgos que entraña el retirar un objeto de su medio natural y se limita a observar la naturaleza y tomar de ella sólo lo estrictamente necesario.

Para el fotógrafo de la naturaleza no existen esas limitaciones. Él puede tener en su casa aquella exótica flor que vio en su último viaje, disfrutar para siempre de la intricada belleza de la telaraña que descubrió en su jardín o embelesarse a cualquier hora con el espectáculo de un atardecer en la playa. El naturalista que viaja con su cámara puede ser dueño de plantas y animales de todo el mundo sin haber robado a la naturaleza más que algunas de sus más bellas imágenes.

Dentro de cada fotógrafo de la naturaleza habitan tres personalidades: un artista, un científico y un deportista. El artista busca la belleza del movimiento al fotografiar un ave al vuelo y se regocija al descubrir la simetría en la imagen de un copo de nieve. El científico, por su parte, se esmera en registrar hasta el último detalle de su modelo, tratando de obtener en un una sola imagen la mayor cantidad de información posible. Por último, el deportista goza cada momento de la “caza fotográfica” y presume sus fotografías de animales en movimiento con más orgullo que el cazador que muestra las cabezas de sus víctimas sobre la chimenea.

La cámara fotográfica ha acompañado a los espíritus aventureros en sus viajes. Fue compañera de los exploradores de las selvas africanas, conoció al mismo tiempo que el hombre europeo el oeste americano, llegó a la cumbre del Everest, alcanzó las oscuras profundidades del mar, fue testigo del primer paso del hombre en la Luna. Gracias a ella podemos conocer lejanos lugares y exóticos paisajes, además de la fauna y flora de esos sitios.

Pero la fotografía no es sólo un instrumento de registro de imágenes bellas, es también una valiosa herramienta para el científico. El ojo humano es un instrumento maravilloso, pero no fue diseñado específicamente para un científico; hay cosas muy rápidas, muy lentas, muy pequeñas o muy lejanas como para ser observadas a simple vista. La fotografía, con la ayuda de algunos instrumentos ópticos, colabora a ampliar el horizonte de las investigaciones. Hoy en día podemos tener imágenes de las alas de un murciélago en vuelo, del proceso de crecimiento de una planta, de la estructura de una mariposa o de las lejanas estrellas. Gracias a la fotografía infrarroja y ultravioleta podemos incluso observar fenómenos vedados a la vista humana.

El amante de la naturaleza que carga con su cámara cuenta con la ayuda de un medio para observar y registrar imágenes que le harán querer más a la naturaleza y al mismo tiempo contribuir al conocimiento científico de la especie en cuestión.

Es tomando en cuenta todos estos antecedentes que la revista  Ocelote dedicará parte de su espacio a una sección de fotografía de la naturaleza. El objetivo principal de esta serie de artículos es el de interesar a la gente que sale al campo en la fascinante actividad de registrar en imágenes las plantas y animales en su medio natural e instar a aquellos que cargan con resorteras o rifles a cambiar sus armas por un “fusil fotográfico” para cobrar las “piezas” en sus “cacerías fotográficas”.

Se tratará en cada número de describir y discutir alguna técnica de fotografía en el campo o el laboratorio, tales como el uso de telefotos y granangulares, la utilización del flash electrónico, la fotografía de acercamiento, el empleo de escondites y “trampas fotográficas”, etc. En todos los casos se dará más importancia a los aspectos prácticos de estas técnicas, sin descuidar por supuesto los principios físicos y químicos, los cuales nos ayudan a aprovechar al máximo las posibilidades de la fotografía.

Para leer esta sección no será necesario ningún conocimiento especial sobre fotografía. Bastará con poseer una cámara y saber utilizarla en condiciones “normales”. En cada artículo se partirá de los elementos básicos para la utilización de la técnica que se exponga.

Por el momento sólo nos resta concluir este escrito recordando a nuestros lectores que no olviden su cámara en su próxima salida al campo, listos para “disparar” hacia cualquier planta o animal que les llame la atención.

 

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